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Sí.
La “antigua conocida” y bella "dama", con sus luces y sus sombras. Veinticuatro kilómetros más allá de sus límites se extiende
una lasa llanura azul y dentro de ella,
se halla la más grande de todas a los pies de la clave del mes.

   

© Texto de UVD, EXACTA y AMANI

 
Retrospectiva y Hoy

En la Sala repica rítmicamente la voz segura y erudita del que se cree con razón.

Enfrente, cansado y con sueño insistente, hace más de diez minutos que he perdido el hilo de los argumentos, pues mi turno ya pasó, y un tercero decide.

Mientras se exponen motivos y preceptos, recuerdo el día en el que escribí sobre el porqué, ya hace casi cinco años, en donde la ilusión por lo creado y el nerviosismo por lo desconocido lo inundaban todo. Día revelador. Día de nacimientos y felicidades.
 
 
Ahora me pierdo en aquel recuerdo mientras el enfiteuta me observa y me hace un gesto de aprobación. La discusión se centra en las accesiones, y por más que me pregunto, y me contesto, no acierto a comprender la postura de contrario.

A estas alturas del enfrenamiento dialéctico, la toga es un peso negro que se subraya por encima de la vieja estancia,
es un signo que aprisiona y que acalora,
entre el sopor de una contienda inane.

A causa del apartado segundo del dichoso artículo, poco después rememoro al ilustre colega y sus textos redondos sobre la antigua conocida que le dieron el mayor galardón posible.

Evidentemente, en aquel año finalizó su extensa obra, precisamente cuando los tres entraban en la vieja montaña.